Me acuerdo de cuando yo era así, de la primera vez que me puse unas zapatillas de ballet. Me acuerdo de lo incómodas que me parecieron y de mi primera clase, de los colores, de las falditas que nos hacían llevar y de lo torpe que yo parecía. La verdad es que me acuerdo de todo, y al pensar en estos 10 años que han pasado desde que pisé por primera vez una academia de ballet, pienso en lo mucho que he evolucionado, pienso en lo fuerte que me he hecho y en cuánto he cambiado.
Ayer, mientras entrenaba, me di cuenta de que ya no siento nada en los pies al ponerme en puntas. No sé si sonreír o asustarme porque me estoy destrozando los pies para toda la vida.
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lunes, 31 de octubre de 2011
Futura promesa del ballet
Encontré este video curioseando en youtube, y me pareció alucinante, porque esta niña sólo tiene cinco años (se llama Kaylee), ¡y es increíblemente buena! En la explicación dice que hace 3 horas semanales de ballet clásico ruso. Sus pies son increíblemente buenos y perfectos para las puntas, sus movimientos son de una chica de trece años... En fin, si sigue practicando ballet, será muy buena. Espero que siga haciéndolo.
Y aquí os dejo una frase que me ha inspirado mucho...
"Estoy enamorada del ballet, es mi vida"; Alicia Alonso, prima ballerina assoluta
Me apetecía hablar sobre:
ballet
viernes, 30 de septiembre de 2011
Adrenalina
Mucha gente asocia la adrenalina a subirse a una montaña rusa, hacer bungee jumping (ni idea de si se escribe así) o a conducir rápido. La adrenalina es una de mis emociones favoritas, porque por un instante, aunque sea sólo por unos breves segundos, te hace sentir libre de todo.
De acuerdo, lo reconozco, me encantan las montañas rusas y la velocidad, pero y ¿qué hay de las pequeñas cosas, las que nos gusta hacer, las que nos hacen sentir plenos y felices? El ballet. Los momentos previos antes de salir al escenario, me siento excitada, emocionada, intranquila. Mis compañeras y yo parloteamos sin parar sobre cosas sin importancia (es increíble cómo me pongo a hablar cuando estoy nerviosa). Después llega el momento más importante de todos: cuando se encienden las luces, empieza nuestra pieza de música, y sé que debo salir, quiera o no.
Primero me siento asustada. Ejecuto todos los pasos que me corresponden sin mirar al público, observando el infinito. Mi corazón late más fuerte que nunca. Puedo sentir las gotas de sudor que se deslizan por mi espalda.
Aunque, seamos sinceros: ese estado sólo dura unos dos minutos. Luego me relajo y bailo con fluidez, mis pies danzan sobre las nubes, el teatro se convierte en el salón de mi casa o en el suelo de mi academia de ballet, donde practico durante horas y horas.
Eso es adrenalina, también.
Las cosas que te gustan, las que te emocionan, las que te mantienen el vela durante toda la noche. El chico que te gusta. Pensar en ti. Salir a bailar al escenario. Ser feliz. Todo eso es adrenalina. La felicidad, y ese sentimiento en sí, cada instante como si fuese el último.
Fotos: Ballet de Moscú
De acuerdo, lo reconozco, me encantan las montañas rusas y la velocidad, pero y ¿qué hay de las pequeñas cosas, las que nos gusta hacer, las que nos hacen sentir plenos y felices? El ballet. Los momentos previos antes de salir al escenario, me siento excitada, emocionada, intranquila. Mis compañeras y yo parloteamos sin parar sobre cosas sin importancia (es increíble cómo me pongo a hablar cuando estoy nerviosa). Después llega el momento más importante de todos: cuando se encienden las luces, empieza nuestra pieza de música, y sé que debo salir, quiera o no.
Primero me siento asustada. Ejecuto todos los pasos que me corresponden sin mirar al público, observando el infinito. Mi corazón late más fuerte que nunca. Puedo sentir las gotas de sudor que se deslizan por mi espalda.
Aunque, seamos sinceros: ese estado sólo dura unos dos minutos. Luego me relajo y bailo con fluidez, mis pies danzan sobre las nubes, el teatro se convierte en el salón de mi casa o en el suelo de mi academia de ballet, donde practico durante horas y horas.
Eso es adrenalina, también.
Las cosas que te gustan, las que te emocionan, las que te mantienen el vela durante toda la noche. El chico que te gusta. Pensar en ti. Salir a bailar al escenario. Ser feliz. Todo eso es adrenalina. La felicidad, y ese sentimiento en sí, cada instante como si fuese el último.
Fotos: Ballet de Moscú
Me apetecía hablar sobre:
ballet
sábado, 13 de agosto de 2011
Dance is my life . . .
"La danza es un ritmo mudo, es la música visible". T. Gautier
"Hay una diferencia cuando estás bailando con la música que amas, cuando hay un encuentro entre la música y el bailarín que se fusionan en uno. Esas son las experiencias por las cuales vivimos". Alicia Alonso
viernes, 14 de enero de 2011
Es lo que hay que dar a cambio por hacer ballet
Puede que alguna vez hayáis visto una peli de ballet, y no lo aseguro, ya que no creo que seáis tan frikis como yo. Pues bien, si la habéis visto, seguro que en el momento en que la bailarina rubia y perfecta se quita sus puntas y ve que tiene sangre en los dedos habréis pensado: "Bah, estos son unos cuentistas". Pues no, queridas mías, es totalmente cierto. Es lo que me ha pasado justo ayer (sólo que yo no soy ni rubia ni perfecta). Al salir de la clase de ballet me he quitado las puntas, y al llegar a mi casa he examinado mejor los daños: un poco de sangre, y me he doblado unas cuatro uñas, además de los dedos rojos y doloridos. Me estoy dando cuenta de que las puntas de bonito sólo tienen el nombre y la apariencia, de resto son unos zapatos dolorosos y malvados. Peeeeeero, cómo no... (nunca pensé que diría esto) ¡me siento tan contenta por haberme hecho daño! (vaya, suena aún más ridículo de lo que pensaba). Lo que pasa es que me siento como una campeona, y lo sé, lo admito, me va el masoquismo. Así que para que mis deditos no se estropeen (cosa que de todas formas es inevitable, ya que las puntas con el tiempo deforman los pies) hoy voy a comprar una cinta elástica para sujetármelas mejor y para la próxima clase, algodón en la punta de los pies, que siempre funciona. ¡Sed felices y comed perdices!
viernes, 26 de noviembre de 2010
Pointe shoes ♥
Como bien sabéis las que me conocéis bien, soy bailarina de danza clásica desde los cuatro años. Pero ¿sabéis quéeeeeee? ¡Estoy más contenta que nunca! Ahora, después de tantos años de clases, práctica, ensayos, y experiencias vividas, estoy dando un gran paso en el mundo del ballet. ¿Sabéis qué quiero decir...? ¡Voy a empezar a usar zapatillas de punta! ¿Sabéis lo que eso significa? Que soy lo suficientemente buena como para meter mis piececitos (de la talla 37) en unas preciosas zapatillas duras, y elevar mis pies, y que me salgan yagas en los dedos, y hacerme daño, y APRENDER! (Lo sé, me estoy emocionando demasiado). Pero es que... soy tan feliz! Tengo mis zapatillas preciosas, y en cuanto pueda subiré fotos. Me siento tan bien, sé que esta es la recompensa (y de nuevo más trabajo duro) de tantos años de esfuerzo..! Nunca me he arrepentido de hacer ballet, me encanta el ballet, lo bien que me hace sentir, todo lo que trabajo, porque con el ballet soy elástica, fuerte, sana, ágil, rápida, y estoy en forma. Pero lo más importante de todo: porque disfruto bailando.
PD. ¡Pronto subiré fotos de mis pointe shoes!
PD. ¡Pronto subiré fotos de mis pointe shoes!
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viernes, 30 de marzo de 2012
10 años
Me acuerdo de cuando yo era así, de la primera vez que me puse unas zapatillas de ballet. Me acuerdo de lo incómodas que me parecieron y de mi primera clase, de los colores, de las falditas que nos hacían llevar y de lo torpe que yo parecía. La verdad es que me acuerdo de todo, y al pensar en estos 10 años que han pasado desde que pisé por primera vez una academia de ballet, pienso en lo mucho que he evolucionado, pienso en lo fuerte que me he hecho y en cuánto he cambiado.
Ayer, mientras entrenaba, me di cuenta de que ya no siento nada en los pies al ponerme en puntas. No sé si sonreír o asustarme porque me estoy destrozando los pies para toda la vida.
Ayer, mientras entrenaba, me di cuenta de que ya no siento nada en los pies al ponerme en puntas. No sé si sonreír o asustarme porque me estoy destrozando los pies para toda la vida.
lunes, 31 de octubre de 2011
Futura promesa del ballet
Encontré este video curioseando en youtube, y me pareció alucinante, porque esta niña sólo tiene cinco años (se llama Kaylee), ¡y es increíblemente buena! En la explicación dice que hace 3 horas semanales de ballet clásico ruso. Sus pies son increíblemente buenos y perfectos para las puntas, sus movimientos son de una chica de trece años... En fin, si sigue practicando ballet, será muy buena. Espero que siga haciéndolo.
Y aquí os dejo una frase que me ha inspirado mucho...
"Estoy enamorada del ballet, es mi vida"; Alicia Alonso, prima ballerina assoluta
viernes, 30 de septiembre de 2011
Adrenalina
Mucha gente asocia la adrenalina a subirse a una montaña rusa, hacer bungee jumping (ni idea de si se escribe así) o a conducir rápido. La adrenalina es una de mis emociones favoritas, porque por un instante, aunque sea sólo por unos breves segundos, te hace sentir libre de todo.
De acuerdo, lo reconozco, me encantan las montañas rusas y la velocidad, pero y ¿qué hay de las pequeñas cosas, las que nos gusta hacer, las que nos hacen sentir plenos y felices? El ballet. Los momentos previos antes de salir al escenario, me siento excitada, emocionada, intranquila. Mis compañeras y yo parloteamos sin parar sobre cosas sin importancia (es increíble cómo me pongo a hablar cuando estoy nerviosa). Después llega el momento más importante de todos: cuando se encienden las luces, empieza nuestra pieza de música, y sé que debo salir, quiera o no.
Primero me siento asustada. Ejecuto todos los pasos que me corresponden sin mirar al público, observando el infinito. Mi corazón late más fuerte que nunca. Puedo sentir las gotas de sudor que se deslizan por mi espalda.
Aunque, seamos sinceros: ese estado sólo dura unos dos minutos. Luego me relajo y bailo con fluidez, mis pies danzan sobre las nubes, el teatro se convierte en el salón de mi casa o en el suelo de mi academia de ballet, donde practico durante horas y horas.
Eso es adrenalina, también.
Las cosas que te gustan, las que te emocionan, las que te mantienen el vela durante toda la noche. El chico que te gusta. Pensar en ti. Salir a bailar al escenario. Ser feliz. Todo eso es adrenalina. La felicidad, y ese sentimiento en sí, cada instante como si fuese el último.
Fotos: Ballet de Moscú
De acuerdo, lo reconozco, me encantan las montañas rusas y la velocidad, pero y ¿qué hay de las pequeñas cosas, las que nos gusta hacer, las que nos hacen sentir plenos y felices? El ballet. Los momentos previos antes de salir al escenario, me siento excitada, emocionada, intranquila. Mis compañeras y yo parloteamos sin parar sobre cosas sin importancia (es increíble cómo me pongo a hablar cuando estoy nerviosa). Después llega el momento más importante de todos: cuando se encienden las luces, empieza nuestra pieza de música, y sé que debo salir, quiera o no.
Primero me siento asustada. Ejecuto todos los pasos que me corresponden sin mirar al público, observando el infinito. Mi corazón late más fuerte que nunca. Puedo sentir las gotas de sudor que se deslizan por mi espalda.
Aunque, seamos sinceros: ese estado sólo dura unos dos minutos. Luego me relajo y bailo con fluidez, mis pies danzan sobre las nubes, el teatro se convierte en el salón de mi casa o en el suelo de mi academia de ballet, donde practico durante horas y horas.
Eso es adrenalina, también.
Las cosas que te gustan, las que te emocionan, las que te mantienen el vela durante toda la noche. El chico que te gusta. Pensar en ti. Salir a bailar al escenario. Ser feliz. Todo eso es adrenalina. La felicidad, y ese sentimiento en sí, cada instante como si fuese el último.
Fotos: Ballet de Moscú
sábado, 13 de agosto de 2011
Dance is my life . . .
"La danza es un ritmo mudo, es la música visible". T. Gautier
"Hay una diferencia cuando estás bailando con la música que amas, cuando hay un encuentro entre la música y el bailarín que se fusionan en uno. Esas son las experiencias por las cuales vivimos". Alicia Alonso
viernes, 14 de enero de 2011
Es lo que hay que dar a cambio por hacer ballet
Puede que alguna vez hayáis visto una peli de ballet, y no lo aseguro, ya que no creo que seáis tan frikis como yo. Pues bien, si la habéis visto, seguro que en el momento en que la bailarina rubia y perfecta se quita sus puntas y ve que tiene sangre en los dedos habréis pensado: "Bah, estos son unos cuentistas". Pues no, queridas mías, es totalmente cierto. Es lo que me ha pasado justo ayer (sólo que yo no soy ni rubia ni perfecta). Al salir de la clase de ballet me he quitado las puntas, y al llegar a mi casa he examinado mejor los daños: un poco de sangre, y me he doblado unas cuatro uñas, además de los dedos rojos y doloridos. Me estoy dando cuenta de que las puntas de bonito sólo tienen el nombre y la apariencia, de resto son unos zapatos dolorosos y malvados. Peeeeeero, cómo no... (nunca pensé que diría esto) ¡me siento tan contenta por haberme hecho daño! (vaya, suena aún más ridículo de lo que pensaba). Lo que pasa es que me siento como una campeona, y lo sé, lo admito, me va el masoquismo. Así que para que mis deditos no se estropeen (cosa que de todas formas es inevitable, ya que las puntas con el tiempo deforman los pies) hoy voy a comprar una cinta elástica para sujetármelas mejor y para la próxima clase, algodón en la punta de los pies, que siempre funciona. ¡Sed felices y comed perdices!
viernes, 26 de noviembre de 2010
Pointe shoes ♥
Como bien sabéis las que me conocéis bien, soy bailarina de danza clásica desde los cuatro años. Pero ¿sabéis quéeeeeee? ¡Estoy más contenta que nunca! Ahora, después de tantos años de clases, práctica, ensayos, y experiencias vividas, estoy dando un gran paso en el mundo del ballet. ¿Sabéis qué quiero decir...? ¡Voy a empezar a usar zapatillas de punta! ¿Sabéis lo que eso significa? Que soy lo suficientemente buena como para meter mis piececitos (de la talla 37) en unas preciosas zapatillas duras, y elevar mis pies, y que me salgan yagas en los dedos, y hacerme daño, y APRENDER! (Lo sé, me estoy emocionando demasiado). Pero es que... soy tan feliz! Tengo mis zapatillas preciosas, y en cuanto pueda subiré fotos. Me siento tan bien, sé que esta es la recompensa (y de nuevo más trabajo duro) de tantos años de esfuerzo..! Nunca me he arrepentido de hacer ballet, me encanta el ballet, lo bien que me hace sentir, todo lo que trabajo, porque con el ballet soy elástica, fuerte, sana, ágil, rápida, y estoy en forma. Pero lo más importante de todo: porque disfruto bailando.
PD. ¡Pronto subiré fotos de mis pointe shoes!
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Si me copias, te muerdo
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